Vivimos un tiempo de pandemia en el que se ha incrementado de manera, en mi opinión inadecuada y partidista, el uso de la palabra cultura. ¡Hay que salvar la cultura! ¡La cultura es necesaria como terapia! ¡La cultura es segura! Seguro que han oído estas expresiones, u otras parecidas, en numerosas ocasiones en los últimos meses pero ¿a qué cultura se refieren? En la mayoría de las ocasiones a la industria del cine, del teatro y de la música.
Es verdad, sin duda alguna, que la ausencia de conciertos y las limitaciones de aforo en cines y teatros, ponen en serio riesgo de supervivencia a quienes trabajan y viven del sector.
Salvemos el teatro en directo, salvemos las salas de cine y salvemos los conciertos en directo, porque hay muchas familias que tienen en ellos su medio de vida. Eso es lo que hay que salvar, como ocurre, por ejemplo, con toda la cultura gastronómica representada por bares y restaurantes y que son, de lejos, el colectivo más castigado durante estos meses. Hablemos claro pues y no confundamos los términos; la música, el teatro y el cine forman parte de la cultura de una sociedad, la nuestra, pero en modo alguno pueden monopolizar la palabra cultura.
En estos meses de reclusión, seguramente, se ha leído más, se ha visto más cine y más teatro y se ha escuchado más música que nunca pero, eso sí, desde la “comodidad” del sofá de nuestras casas.
No están en riesgo los libros, ni la música, ni el cine… sí lo está, si acaso, su forma de disfrutarlo, pero esto, aunque agravado por la pandemia, no es nuevo, viene de atrás, viene de la irrupción de plataformas on line que han cambiado, de forma irremediable e irreversible, nuestros hábitos de consumo: Amazon, You Tube, Spotify, Movistar, Netflix, HBO…etc.
La música, el teatro y el cine forman parte inequívoca de la cultura sí, claro que sí, una parte muy visible e importante, pero solo una parte de lo que es la Cultura con mayúscula. Por esta razón sería muy saludable que cuando se habla, se entrevista o se participa en programas de radio o televisión se parcele el término cultura y se aplique al sector que en cada momento le corresponda.
Consulten el diccionario de la Real Academia y verán como se aclaran las ideas:
1. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
2. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
¿Les queda claro? Pues esto es lo que dice la R.A.E
Si nos fijamos en el primer punto, referido a lo que entendemos por cultura a nivel individual, y lo aplicamos a algunos entrevistados en cadenas de TV o medios de comunicación y que son presentados como representantes de la “cultura”, puede entenderse mi indignación por el monopolio que hacen de esta palabra; algunos de los entrevistados, actores, cómicos o músicos en la mayoría de las ocasiones, no dan la sensación de ser personas especialmente cultivadas, no son, precisamente, personas a las que produzca un placer especial escucharles por su capacidad de argumentación y la riqueza de sus juicios críticos. Es decir, que en no pocas ocasiones uno siente vergüenza ajena al escucharles.
Esos entrevistados que acuden a los programas de TV y que podemos ver casi a diario, acuden, como el famoso caso de Francisco Umbral, a vender su «libro», eso es lo que realmente les preocupa y eso es lo que debían promover con la mayor naturalidad, claro que sí, en lugar de dejar que les presenten, valga la caricatura, como divulgadores de las esencias culturales patrias. Seamos serios.
Definir qué es o que significa la cultura es, sin duda, complejo, pero más allá de la definición formal de la RAE, hay algunas definiciones en la red a las que no estaría de más que, de vez en cuando, les echaran un vistazo quienes tanto hablan de ella:
1.- “Cultura se refiere al conjunto de bienes materiales y espirituales de un grupo social transmitido de generación en generación a fin de orientar las prácticas individuales y colectivas. Incluye lengua, procesos, modos de vida, costumbres, tradiciones, hábitos, valores, patrones, herramientas y conocimiento”.
3.-Para la Unesco, “la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias y que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.
Podríamos poner muchas más, pero para el objetivo que buscaba en este artículo me parece suficiente. A la Cultura no hay que salvarla, se salva sola, muta, se transforma, se adapta, pero permanece, porque la cultura emana de la sociedad y mientras ésta exista habrá una Cultura inherente a ella. Voy a terminar con una interpretación propia del término cultura, una interpretación que tiene sus raíces en el pensamiento del maestro Ortega y Gasset y que dice así:
“Cultura es la suma armónica, integradora, del pensar, del hacer y del sentir de una comunidad o de una sociedad determinada, en un tiempo determinado”... pero no olvidemos que como nos dejo dicho F. Nietzsche, la mejor manifestación de nuestra cultura es la sencillez y la naturalidad.