Presente, pasado y futuro

El día está lluvioso y triste.  Mal tiempo para unos y bueno para otros; nunca llueve a gusto de todos, dice el refrán. La verdad es que, a pesar de que la lluvia es un maná imprescindible para la vida, no todos la recibimos igual.   El concepto de buen o mal tiempo es una vez más, como casi todo en la vida, de una relatividad manifiesta.

Parece una tontería, pero en ese afán mío de meterme en las palabras y sin saber muy bien por qué, me puse a pensar en el significado de la palabra tiempo y pensé, quizá porque era un día lluvioso y frio, si tendría la misma raíz que la palabra temperatura, dada su íntima relación.

Pues no, no, la palabra tiempo y temperatura no parece que tengan una raíz común, aunque, en realidad, no parece que el que la tengan o no tenga mucha importancia para nadie.

En la RAE, máxima autoridad en las cosas propias de nuestro idioma, se sitúa el origen etimológico en la palabra latina temperatūra, mientras otras fuentes consultadas sitúan su origen etimológico en el verbo temperare, cuyo significado, templar o modelar, poco tiene que ver con el que, de la palabra temperatura, nos dice la Rae: Magnitud física que expresa el grado de frío o calor de los cuerpos o del ambiente.

La palabra tiempo tiene un origen etimológico más claro y nada discutido, tempus es su origen, y su significado en latín coincide plenamente con el actual.

Pero la curiosidad me pudo y no quise quedarme aquí, no, quise bucear un poquito más en el significado que la palabra tiempo tiene para la Rae: Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y cuya unidad en el sistema internacional es el segundo.

A partir de esta definición, me quedé pensativo y no entendí como se pueden ordenar las secuencias de los sucesos del futuro. Es un contrasentido, no puedo ordenar secuencialmente hechos que no han acaecido… o quizá sí, quizá sí que pueda si yo lo que hago es imaginar hechos que creo que un futuro se puede llegar a producir, es decir, imagino algo que puede acontecer o no, y el orden en que, si ocurrieran, sería previsible que se fueran produciendo. El futuro es, pues, un simple fruto de nuestra imaginación, de nuestro sentido de la anticipación, de nuestras previsiones, de nuestro afán de tener todo controlado y evitar sorpresas innecesarias. Es curioso, pero el otro día leí que una psiquiatra española, Marian Rojas Estapé, afirma que hay estudios que respaldan que el noventa por ciento de las cosas que nos preocupan nunca llegan a suceder. No sé si es así, pero estoy bastante de acuerdo si me remito a mi propia historia personal. Te pasas una buena parte de tu vida preocupado, e incluso ocupado, en planificar o prever acontecimientos o situaciones que nunca llegan a producirse.

La conclusión fácil sería decir que el futuro no existe, que se confunde con el presente en un bucle interminable. Sí, cuando empecé a escribir este artículo ya es el pasado, lo es desde la segunda letra que escribí, o mejor aún, desde el segundo segundo, que escribí, según la unidad de medida que establece la definición de la RAE. Ahora estoy escribiendo en lo que hace tan solo un segundo era el futuro … ¡que lio!

La cabeza da vueltas cuando uno se para a pensar en estas cosas. Si el presente es inmedible porque tal como acontece se convierte en pasado y el futuro es tan solo una posibilidad ¿qué nos queda? La respuesta es sencilla, lo único cierto, lo único real, lo único medible, lo único secuenciable, es lo que hemos vivido, es nuestra historia personal y la de todos, en definitiva, lo único medible es el pasado.

En el pasado está todo, absolutamente todo lo que hemos vivido, lo bueno y lo malo, todo, sin embargo, parece que tenemos un especial interés en huir de él. No hables del pasado, no seas antiguo, hay que olvidar el pasado, tenemos que mirar al futuro… ¿por qué? ¿cómo voy a mirar a un futuro que es, sencillamente, una ilusión, una quimera, un constructo más que nuestra sociedad de consumo nos ha diseñado para ser felices, nos guste o no? En realidad, solo se puede vivir la sucesión de segundos que representan el presente riguroso, sin tener la seguridad de si el segundo siguiente llegará o no y solo con la certeza absoluta de que cada segundo que pasa entra de lleno a formar parte del pasado. ¡Que complicado!

Me fui de nuevo a la RAE, fuente de sabiduría, y le pregunté por el significado de la palabra futuro. Las respuestas, como es lógico, son de una ambigüedad total:

1. Que está por venir y ha de suceder con el tiempo.

2.  Que todavía no es, pero va a ser. 

Digo que son respuestas ambiguas, pero lo digo aceptando que no pueden ser de otra manera. Que está por venir y ha de suceder con el tiempo es una definición perfecta aunque yo añadiría, la palabra “paso”, es decir: Que está por venir y ha de suceder con el “paso” del tiempo. Me siento bien corrigiendo a la RAE, debe de ser que mi vanidad se ha venido arriba.

La segunda definición parece, más bien, sacada de un texto filosófico de Parménides, pero al revés: El ser es, el no ser no es, decía Parménides.

Sin duda la afirmación de la segunda definición es, simplemente una declaración de intenciones, ya que nadie puede afirmar que lo que todavía no es vaya a ser algún día. En cualquier caso, eso solo lo podremos verificar cuando ya haya ocurrido y se haya convertido en pasado. De nuevo el pasado, ese pasado que conforma nuestra historia, nuestro archivo insonoro, invisible, pero real, que crece cada segundo y que, nos guste o no, ha dado y da sentido a nuestra vida.

En ese viaje que, de vez en cuando, me gusta recorrer por el significado de las palabras, hoy he tratado de entender, a través de estas líneas la palabra tiempo.  No sé si la he entendido o no, tampoco me importa mucho, pero sí me he dado cuenta, una vez más, de que lo único que el ser humano construye de manera inequívoca, sin distinción de razas, credos, lugares de nacimiento, títulos o coeficiente de inteligencia, es, sencillamente el pasado, su pasado, que, juntos, conforman el pasado y la historia de todos.

Eso de construir futuro es sencillamente una frase, una frase cuyo significado, para mí, carece de interés, pero que entiendo perfectamente que, a otros u otras, como se dice ahora, les parezca apasionante. Yo prefiero vivir cada segundo de mi presente y ampliar, segundo a segundo, el archivo de mi pasado. Me parece más divertido y, sobre todo, más real.

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