CASABLANCA…80 años después

Hace unos días volví a disfrutar de la película Casablanca y, una vez más, descubrí que es única e irrepetible.

Me pregunte por qué y pensé que podía intentar poner en un papel las razones por la que yo, un vulgar aficionado al cine, consideraba Casablanca la película de las películas. No es una gran superproducción, es verdad, es sencilla en cuanto a escenarios y seguramente en cuanto a presupuestos, pero… está Bogart y la Bergman… casi nada.

Conocí a una persona, un tío mío, que no entendía como podía gustar tanto esta película porque, para él, era una película en la que nunca pasa nada y por contra, un hermano mío, afirma que en esta película nunca dejan de pasar cosas. Me quedo con la segunda opinión que comparto plenamente, aunque seguramente, como todo en la vida, es un problema de sensibilidad.

.Me puse a pensar en Casablanca y después de poner un montón de frases desordenadas, como a mí me gusta, empecé a seleccionar y dejé lo que va a leer, si le apetece, desde el párrafo siguiente hasta el final.

Tampoco espere usted, amable lector, grandes cosas, ya he dicho al empezar que soy un vulgar aficionado al cine y, además, absolutamente incapaz de hacer una crítica con un mínimo de solidez o fundamento cinematográfico. No, no es esa mi intención, como podrá leer a continuación.

En Casablanca hay cosas que me cautivan, que me transportan, que me hacen sentir nostalgia de un tiempo que nunca viví – ¿no le ha pasado a usted nunca? a mi sí, muchas veces – y algunas de las cosas más cautivadoras son el cinismo, sutil e imprescindible, del magistral capitán Renault o la forma de fruncir el ceño junto a la mirada despreciativa y única, de Rick, genialmente interpretado por el, para mi, inigualable Bogart. No me canso de verlos y no me extraña que Bogart, y Casablanca, se convirtiera en una referencia para un genio del cine como Woddy Allen en “Sueños de seductor”. Para mi también lo es.

Junto a Rick y Renault, está la presencia necesaria de Sam, Sam, el pianista que al tocar El tiempo pasará” hace creer que el tiempo ya dejó de pasar. Junto a él y Rick,  la magia de Ilsa, la encarnación de la belleza, una diosa delicada y sensible por la que el tiempo nunca, nunca, pasará. Milagros del cine.

Sentir la emoción y la fuerza de la marsellesa, cantada en el café de Rick, la frase: “tócala, Sam, toca el tiempo pasará”, o la respuesta de Rick a Ugarte cuando este le pregunta si le desprecia: “si pensara en ti, probablemente”,  son sencillamente frases míticas, inagotables, perfectas e inmortales. A ellas unimos otras tan vivas como: “siempre tendremos Paris”.

Entristece pensar que, en estos tiempos y esta sociedad, estúpida y absurda que entre todos hemos construido, la despedida de Rick a Ilsa en el aeropuerto, sería hoy tachada de machista, sí, sería considerado machismo escuchar a Rick decirle a Ilsa que “pertenece” a Laszlo… ¡qué barbaridad!

Pero si toda la película es una sucesión de acontecimientos en blanco y negro, la frase que pone el punto final tenía que estar a la altura y lo está. Otra frase mítica que el capitán Renault dirige a Rick y que te deja clavado en la butaca: “presiento que este es el principio de una larga amistad”.

Respirar el ambiente cargado del café de Rick, escuchar sus frases y observar el desfile de sus personajes, crean una magia indescriptible: Carl, el bonachón camarero del café, los estraperlistas, la gente detestable como Ugarte, el personaje indefinible del señor Ferrari, dueño del Loro Azul, la presencia del líder de la resistencia, Victor Laszlo, el despreciable mayor Strauss, y , como no, el inefable Renault que tantas perlas nos deja a lo largo de la película y que, junto a su mítica frase final, recordada en el párrafo anterior, nos dejo otras no menos impactantes como: detengan a los sospechosos habituales.

Todo esto hace que, cuando me siento a ver Casablanca, me transporte, me meta en ella y desee fervientemente ser uno de sus personajes, estar sentado en una mesa del Café de Rick, oler el humo del tabaco, escuchar el murmullo incesante de las conversaciones y disfrutar de la música de Sam con una copa de Whisky en la mano.

La película Casablanca, sus personajes, sus escenas en blanco y negro, sus frases, y su música, nunca pasaran y, todas juntas, la han convertido en una película eterna e imprescindible… a pesar de sus 80 años.

Yo la seguiré disfrutando y, no lo duden, seguiré descubriendo nuevas sensaciones que todavía, para mí, permanecen ocultas en sus escenas.

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