LA MALA EDUCACION

Hace algunos meses, trate de poner de manifiesto la falta de respeto que rige las relaciones en nuestra querida sociedad y apostaba por cambiar la palabra “democracia” por “respetocracia”

Ayer, en un acto en la Complutense, se puso de manifiesto, una vez más, la realidad social que, en lo que se refiere a educación y respeto, nos acompaña en nuestro día a día.

Los ¡fuera fascistas de la Universidad! eran contestados por los correspondientes ¡fuera comunistas de la Universidad! Todo muy edificante y esperanzador.

No me sorprende en absoluto, y además no voy a entrar en las razones que desencadenaron el bochornoso espectáculo que los medios de comunicación se ocuparon de mostrar.

Después llegaron los comentarios y valoraciones de los que se supone son las voces autorizadas y, una vez más, un sentimiento de frustración y desubicación me llena por completo.  Ministros justificando lo ocurrido o interpretaciones de que todo había ocurrido en el uso legítimo de la libertad de expresión.

No lo entiendo y casi prefiero que nadie intente explicármelo porque me niego a escuchar más estupideces.

¿Qué valores democráticos defienden quienes atacan con insultos y agresiones verbales varias, a quienes no piensan como ellos?  

Yo creo que la universidad, más bien los  universitarios, perdió y perdieron  la oportunidad de mostrarnos como es posible ejercer el derecho de protesta, legítimo siempre, sin perder el respeto. Ellos son la esperanza o deberían serlo. En las aulas universitarias se supone que están recibiendo formación que debería llevarlos a mostrarnos que saben hacer las cosas, reivindicar sus derechos y ejercer sus protestas, de una forma diferente y además más eficaz. Lamentablemente no lo hicieron, no, no fueron capaces de aportar imaginación, creatividad, no supieron justificar que la formación que están recibiendo les hace mejores ciudadanos y, sobre todo, más respetuosos.  

Lo hicieron como siempre se ha hecho, lo que me lleva, una vez más, a concluir que no avanzamos nada, que el progreso educativo es inexistente y que el futuro que nos espera es más de lo mismo o quizá un poco peor.

Pero a todo el espectáculo que brindaron nuestros futuros rectores de la sociedad fuera del salón de actos, le faltaba la guinda, sí, una guinda en forma de discurso que nos ofreció la alumna mas destacada de la Facultad de Comunicación y Periodismo. ¡Que oportunidad se dejó escapar!, sí, una oportunidad de construir un discurso bien hecho y con argumentos periodísticos bien razonados, una oportunidad de demostrar que el premio especial a la mejor alumna estaba más que justificado y que era una candidata valiosa para trabajar desde ya en cualquier medio de comunicación.

Lo que nos ofreció no fue un discurso crítico sino un mero panfleto impropio de alguien que se ha formado, concretamente, en las técnicas de la comunicación. ¡Que bochorno! 

 Yo creo que ella fue, precisamente, la gran perdedora del espectáculo de ayer. Hoy podía estar en los medios como un ejemplo y como una esperanza de que hay cosas que se pueden hacer de otra manera, con elegancia, con estilo y con contundencia. Argumentos siempre sobran, pero hay que esforzarse en trabajarlos, documentarlos, ordenarlos y exponerlos con claridad y utilizando una dicción y un ritmo acorde con la importancia del momento. Nada de eso ocurrió, nada, y esa nueva y distinguida periodista perdió una oportunidad de oro… o quizá estoy equivocado y la supo aprovechar muy bien, porque la sociedad y los medios de comunicación lo que buscan son pseudoprofesionales como ella, populistas y panfletarios.

Me gustaría que no fuese así, pero tampoco lo descarto. Yo reconozco mi desubicación y, por lo tanto, mi absoluta falta de capacidad para entender a la irrespetuosa y maleducada sociedad en la que vivo.

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