LA CONTRADICCION DEL AFUERINO

Hace mucho tiempo que no me ponía a volcar palabras en la pantalla de mi portátil, y hace algún tiempo igualmente que tenía ganas de escribir, como forma de pensarlas, sobre dos palabras que me parecen altamente interesantes: contradicción y afuerino.

La primera forma parte permanente de mi vida, la segunda la descubrí, no hace mucho, leyendo un artículo de prensa en la que citaban a alguien a quien yo admiro, José Luis Sampedro, y del que dice el artículo que se declaraba afuerino, palabra que aprendió en Chile y que oficialmente viene a definir a alguien que no se siente parte de la comunidad. Don José Luis la utilizaba para declarar su sentimiento de estar afuera de los usos y costumbres de una sociedad que claramente no le gustaba, y ante la que manifestaba una posición contundente contra el desarrollismo sin medida y una economia totalmente deshumanizada.

Rescato un fragmento del discurso que pronunció en su presentación en la RAE, el 2 de junio de 1991.

Muy colmado de ciencia está Occidente, pero muy pobre de sabiduría. Es decir, del arte de vivir, más abarcante que la ciencia porque, contando con ella, incluye además el misterio. Ahora no se procura alcanzar la iluminación, sino sentir el latigazo del deslumbramiento. Se busca el estrépito, lo aparatoso, los focos publicitarios, no el silencio, lo auténtico, ni el resplandor tranquilo de la lámpara. [….] Los países de la periferia conservan, aún en su atraso técnico, más sabiduría y eso es una esperanza para todos, porque cada día es más importante compensar el desajuste esencial de esta civilización: el tener muchos medios sin saber ponerlos al servicio de la vida”.

Es una evidencia que su visión de la sociedad del año 1991 es perfectamente aplicable a la que hoy disfrutamos, una sociedad tecnologizada que fomenta el aislamiento del mundo real y que sitúa al consumidor en una realidad virtual, en un mundo inventado que vende felicidad a golpe de click. Una sociedad, en definitiva, en la que más de uno, creo yo, podemos compartir los sentimientos de D. José Luis Sampedro y sentirnos, como decía él, extramuros de un modelo social vacío y enormemente incierto, preso, como él define magistralmente, de «…lo aparatoso, los focos publicitarios, no el silencio, lo auténtico, ni el resplandor tranquilo de la lámpara. «

Yo me declaro claramente afuerino, extramuros, de la sociedad que vivo pero esa declaración corre el riesgo, también, de convertirse en una posible contradicción.

Contradicción tiene su origen en la palabra latina contradictio y en terminos simples podríamos decir que una contradicción es afirmar o negar una cosa y su contraria. Para entender bien el significado de contradicción , aplicable a la vida real, a mi me sirvió mucho colocarla frente a su antónimo: coherencia. Ser coherente, actuar con coherencia, es, en definitiva, no caer en contradicciones.

La contradicción forma parte del ser humano, y yo diría que es mucho más manifiesta en la medida que vamos cumpliendo años, vamos madurando y vamos conociendo a los diferentes personajes que habitan o han habitado dentro de cada uno de nosotros.

Nuestra mirada a la vida, a nuestra circunstancia, la de cada cual, cambia y cambia, a veces, de forma radical. Lo que ayer me gustaba, hoy ya no me gusta, lo que ayer creía que estaba bien, hoy ya no me lo parece, mi ideal de vida de ayer hoy ha cambiado por completo, ¿es esto contradictorio? Si nos atenemos a la extricta definición de contradicción es posible que sí, pero para ello tendríamos que obviar de manera total las circunstacias que nos rodean en cada momento así como los usos y costumbres de la sociedad en que se vive.

Recordando a Ortega , no podemos olvidar que el ser humano, hombre o mujer, realiza de una manera inevitable y permanente, aunque sea de manera inconsciente, la función innata de pensar. Nuestra vida, la de cada cual, se activa a través del ejercicio de pensar que es el que nos pone en relacion con nuestro mundo, con nuestra circunstancia, entendida esta tal y como la define la RAE, fiel al origen latino «circumstantia«, en la que el prefijo circum nos indica alrededor : «conjunto de lo que está en torno a alguien; el mundo en cuanto mundo de alguien».

Es importante tener siempre muy presente la individualidad de la circunstancia, y por eso destaco la segunda parte de la definición de la RAE cuando dice «el mundo en cuanto mundo de alguien».

Cada uno de nosotros convivimos con ese mundo nuestro en el que se integra todo lo que no soy yo, incluidos los otros y ese convivir lo llevamos a cabo a través de la función de pensar, pensar las cosas, pensar para conocer, para descubrir, para, en definitiva, convivir y tomar razón de nuestra vida.

Pensar es la llave del conocimiento y lo que nos va a permitir, con la ayuda de la razón, entender nuestra circunstancia, sin olvidar que nosotros tambien formamos parte de la circunstancia de los otros. Pero en esta nuestra relación con el mundo que nos rodea y con la que dia a dia vamos construyendo nuestra vida, hay un factor que va a ser decisivo: la perspectiva.

la perspectiva, como decía Ortega, forma parte de la realidad y eso implica que cada cual ve la realidad desde su personal y único punto de vista, por eso, afirmaba, que una realidad vista desde perspectivas diferentes nunca puede ser idéntica.

Dicho esto, yo, desde mis 71 años construidos y vividos, he sentido cambiar mi circunstancia y he tenido que modificar mi forma de convivir con ella, mi forma de pensarla. Poco a poco,la historia, mi historia, ha ido desplazando mi punto de vista y , por consiguiente, modificando mi perspectiva de la realidad.

Mi circunstancia actual, la forma de pensar mi vida, mi perspectiva de la realidad que vivo, me llevan a situarme, desde la razón, como afuerino de la sociedad porque, como recogia más arriba en el discurso de D. José Luis Sampedro: «…cada día es más importante compensar el desajuste esencial de esta civilización: el tener muchos medios sin saber ponerlos al servicio de la vida«.

Declararme afuerino de la sociedad actual, de sus usos y costumbres, de su mala educación, de su tecnología desbocada, de sus redes sociales, del aislamiento sobrevenido que provocan… y ser al mismo tiempo un usuario habitual de internet, disponer de varios correos electrónicos, teléfono móvil, firma electrónica, utilizar APP`s de forma habitual, leer libros en un ebook, realizar compras en comercio electrónico y tener acceso a plataformas de mensajería, música, cine, series y/o deporte, ¿es coherente o estoy cayendo en contradicciones?

Yo acepto la contradicción como parte inevitable de la vida en su dimensión histórica, pero no si la aplico al momento presente, es decir, no considero contradictorio sentirme afuerino de la sociedad que vivo y hacer uso de los medios que la tecnologia pone a mi disposición, siempre que, como decía el sabio D. José Luis Sampedro, el uso que se haga de ellos tenga el objetivo, hoy tan lejano y utópico, de «…ponerlos al servicio de la vida».

La tarea que nos queda a cada uno de nosotros es pensar conscientemente y decidir que entendemos por vida, por nuestra vida y como queremos vivirla.

Si yo analizo mi historia personal es evidente que me encuentro con no pocas contradicciones, sí, la historia, mi historia, me coloca frente a otros «yo» en los que seguramente ya no me es posible reconocerme, aunque estén ahí formando parte del guión que yo mismo he ido escribiendo. La vida, en el fondo, es presisamente eso, una historia de cambio, de desarrollo y de contradicciones que te llevan a ser lo que eres en cada momento; dicho de otro modo, hoy soy como soy gracias a «los» que he venido siendo a lo largo de mi vida… y así va a seguir siendo en ese proceso de evolución, siempre inacabado, que llamamos vida.

Como mi guión ya está muy avanzado y mi historia es larga y variada, mi aspiración es ser coherente con mi vida presente, sin preocuparme de si, esa coherencia de hoy, entra en contradiccion con alguna parte de mi historia pasada. Seguro que sí. El reto es vivir el presente sin sumisión a los usos y costumbres impuestos e innececesarios, especialmente, muy especialmente, a los tecnológicos, mantener alto el sentido crítico y , desde luego, declararme afuerino convencido de los cuatro pilares que hoy sustentan nuestra sociedad: el mal gusto, la mala educación, el fanatismo y la estupidez.

A lo mejor mañana, quien sabe, pienso de manera distinta, a lo mejor mañana, quien sabe, descubro que las redes sociales son un prodigio del ser humano y las incorporo a mi vida, a lo mejor mañana, quien sabe, dejo de sentirme afuerino y me identifico plenamente con el mal gusto, la mala educación, el fanatismo y la estupidez de la sociedad, a lo mejor mañana, quien sabe, descubro un yo en mí que no conocía y entro en contradicción con toda mi vida pasada, a lo mejor mañana, quien sabe, sigo pensando mi vida de la misma forma que lo hago hoy, a lo mejor mañana, quien sabe, sigo siendo un afuerino convencido. Probablemente así será, o no. A lo mejor mañana, quien sabe…

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