Hay actos rutinarios que hacemos todos los días, todos y además varias veces, a los que no prestamos la más mínima atención. Una de esas rutinas es, en la mayoría de los casos, la que hacemos al levantarnos por la mañana. Abres los ojos con pereza, te das un estirón, te sientas en la cama, te pones las zapatillas y te diriges al baño. Ahí, precisamente ahí, es donde empieza esta historia, reflexión o relato, no sé muy bien como llamarla y además, al menos para mi, su nombre carece de importancia.
Abro la puerta y enciendo la luz, justo enfrente de la puerta, en mi caso, aparece reflejada mi figura en el gran espejo que tengo justo enfrente
El espejo nos recibe cada mañana cuando entramos al baño, comparte nuestras intimidades, nos mostramos ante él tal y como somos y él nos descubre, cada dia, que desnudos perdemos mucho… al menos yo.
El espejo es discreto, no hace comentarios, solo pone de manifiesto nuestras miserias, calladamente, muestra nuestra decadencia física, sin reproches, es el que provoca que, a veces, digamos eso de : quien te ha visto y quien te ve…
Si tienes un ataque de optimismo puedes decir también aquello de: el que tuvo retuvo, pero, sinceramente, eso son ganicas de engañarse. La realidad es la que es y el espejo es fiel testigo de su crudeza.
Los años pasan y él sigue allí, recibiéndonos cada día. Sin embargo, a lo mejor es una opinión personal, muy personal, yo creo que el espejo, por aquello de que convive con nosotros, se comporta de manera mucho mas generosa que las fotos. Las fotos son de una crueldad ilimitada, no tienen misericordia y pueden ensañarse con nosotros de una manera terriblemente injusta.
La parte positiva es que de las fotos te puedes librar, no quiero fotos y punto. Solo las oficiales : DNI, pasaporte y carnet de conducir. Las tres fotos son ya suficiente castigo, no hacen falta más. Échele un vistazo si las tiene a mano y diga si tengo o no razón, sobre todo si son recientes. En mi caso las del DNI es la última porque ya me lo han dado permanente. Suerte que tengo.
Del espejo, en cambio, no te libras, está ahí, en su sitio, cada mañana. Tiene paciencia el espejo, sí, lo aguanta todo: malas caras, posturas raras, gestos indescriptibles, algún exabrupto que otro… no sé, podría decirse, humanizando al espejo, que es buena gente. Nos aguanta, nos sufre y nos refleja, con sinceridad absoluta, tal y como somos… por fuera, eso sí.
Pero si la cara, dicen, es el espejo del alma, igual no estaría mal intentar tener alguna conversación con el espejo a ver si el alma se manifiesta a través de él y nos cuenta algo. Pero seguramente, bien pensado, no nos contará nada. En cualquier caso, puede que merezca la pena intentarlo.
Alguno dirá: ¿estás tonto o qué? ¿qué nos va a contar el espejo o el alma?
Seguramente nada, es verdad, pero ¿por qué no probarlo?
En el espejo te encuentras con tu otro yo, un yo no físico, no lo puedes tocar, pero es tú otro yo y en él ves tu cara, y en ella sí se reflejan muchas cosas, muchas, sobre las que hablar.
A veces lo hacemos, todos lo hemos hecho alguna vez. Hablo solo, decimos, pero no, estás hablando con el espejo, hablas con la expresión de tu cara que refleja como estás y muestra tu expectativa, buena o mala, para las próximas horas, días, semanas, meses o, incluso, quizá, años.
Qué estupidez de artículo, historia, relato o lo que sea me está saliendo, lo sé, pero no me importa.
La suerte que tenemos los que no tenemos lectores o tenemos pocos y creemos que son de confianza – a lo mejor con alguno o alguna nos equivocamos , pero nos da igual – la suerte que tenemos, repito, es que podemos decir lo que nos dé la gana sin ser juzgados con excesiva severidad. Un privilegio.
Bueno, a lo que vamos. ¿Has probado a hablar con el espejo o con tu cara reflejada en él, que es, como he dicho que dicen, el espejo del alma? ¿has probado?.
Mira tu cara por la mañana y pregúntale: ¿Qué? ¿cómo lo llevas? Mala cara tienes tío o tía, o no has dormido bien o no te espera un buen día.
No, esta espalda me está volviendo a joder, respondes tú cuando, como es mi caso, tengo no pocos problemas en la susodicha zona.
Pero hay otras preguntas, de más enjundia, que también podríamos hacer a ese espejo testigo de nuestra decadencia o a esa cara, espejo del alma. Sí, son preguntas de repaso, de toma de conciencia, de poner en valor lo que has hecho, lo que haces y lo que vas a hacer con esa vida cada vez mas escasa que nos va quedando. Queda poco tiempo, cada vez menos, saber utilizarlo, a nuestra edad ya próxima a la fecha de caducidad, es importante.
Podemos preguntarle al espejo con tranquilidad, seguros de que va a ser sincero y discreto, muy discreto, habla con él, sincérate, el es paciente y te escuchará sin interrumpirte ni reprocharte nada, es el único capaz de hacerlo, pero ten en cuenta una cosa muy importante: no le engañes. Engañar al espejo es engañarte a ti mismo, sí, es engañar a ese que ves reflejado y que seguramente, a lo mejor, algún día te gustó, o creíste que te gustaba, pero que ahora, con la perspectiva que da el tiempo parece que ya no te gusta tanto.
Ese que ves ahí es el responsable del argumento de tu vida, sea el que sea, ese argumento que se ha ido escribiendo día a día y te ha llevado a ser el que eres ahora, ese que ves reflejado en el espejo es la consecuencia de la historia de tu vida, tu libro…te guste o no.
A lo mejor, pensándolo bien, es mejor no preguntarle nada porque lo escrito, escrito está y ya no admite correcciones.
Preguntar o no preguntar es, sin duda, todo un dilema, un dilema idiota, pero un dilema al fin y al cabo.
¿Qué hacemos pues?
En verdad no lo sé; quizá lo mejor sea que sigas tu ritual de cada día: métete en la ducha, ponte el albornoz, – si tienes albornoz – aféitate – si tienes barba – , sécate el pelo – si tienes pelo -, y cuando hayas terminado, deséale buen día a tu yo del espejo y vete a tomar un café – si te gusta el café – o una infusión- si te gustan las infusiones- , o a hacer lo que realmente te dé la gana , siempre que te lo puedas permitir, algo que, pensándolo bien, no es nada sencillo.
¿Cuántas veces a lo largo de tu historia personal has hecho lo que realmente te ha dado la gana? a lo mejor descubres que son muchas menos de las que creías.
Seguramente alguno de los que puedan leer esto, muy pocos sin duda, podrían preguntarme: oye, perdona, todo esto que estás escribiendo a mi me parece una tontada.
Yo le respondería que tiene razón, que es verdad, que es una tontada, como todo lo que llevo escrito en esa página del blog que, ya lo he dicho antes, en el fondo es una estupidez.
Por eso voy a concluir y voy a hacerlo rectificando todo lo escrito. Hazme caso, no busques el argumento del libro de tu vida, no corras el riesgo de leerlo porque es muy probable que no te guste. No le preguntes a tu yo del espejo, no merece la pena, ¿para qué?, sigue tu vida y tómala tal como venga, procura no salirte de las normas establecidas porque está mal visto, no hagas lo que te dé la gana, no des mal ejemplo y haz lo que debas hacer… aunque no te guste.
Termino de vestirme, me hecho mi ración de colonia y cuando me disponía a salir oigo que me chistan desde el espejo…
- ¿Será verdad lo que estoy oyendo?, me volví rápidamente y vi como mi otro yo me miraba con una media sonrisa un tanto sarcástica.
- ¿Me estas llamando? le dije a mi yo del espejo.
- Sí, me respondió.
- Tú me dirás, le dije yo.
- Mira, he escuchado tus pensamientos con atención y tienes mucha razón, incluso cuando dices que lo que has escrito es una estupidez, pero a pesar de todo quiero recordarte un consejo, sí, un consejo que ya te dieron en una ocasión y que, aunque lo recuerdas con frecuencia, yo lo sé bien, nunca has puesto en practica. Me parece bien que recibas a la vida cada día tal y como venga, o no, que no te salgas de las normas establecidas, o sí, y que hagas lo que realmente tienes que hacer, o no, pero , hagas lo que hagas, no olvides nunca que solo te representas a ti mismo.
Lo miré, me miré, en silencio, asentí con la cabeza y apague la luz. Salí de la estancia y recordé cuando un día, hace ya unos cuantos años, tras una dura reunión en la que yo asistía en representación de la entidad a la que prestaba mis servicios, uno de los asistentes, colega y buen amigo, cogiéndome del brazo me dijo: ¡Que ganicas tengo de que te representes a ti mismo!
Es verdad, tenían razón, mi amigo y el espejo, una buena parte de mi vida, casi toda, ha sido una pura representación. Quizá ha llegado el momento de hacer caso a aquél colega y a mi otro yo del espejo y empezar a representarme a mi mismo… tendré que aprender, pero voy a poner todo mi empeño en intentarlo y, seguramente, yo sí, seguiré dialogando con el espejo.
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